Por Leopoldo Clemen
Los ojos se van, aunque uno no quiera comprar. El olor a nuevo, las letras doradas y la promesa de aventuras nos convocan desde cada libro. Esa sensación me sorprendió este viernes 16 de setiembre en la Feria del Libro Córdoba, mientras recorría las carpas, y me dejaba envolver por el aura de la lectura.
El resonar de mis pasos en el piso de tablones tiene un compás hipnótico que me invita a seguir caminando. A izquierda y a derecha se multiplican los estantes cargados de libros grandes, libros chicos, libros antiguos, libros recién editados. Todos me llaman diciendo "alguien ha escrito algo y quiere que lo conozcas". Sigo marchando, absorto ya, y pierdo mi objetivo, el de ganarme la confianza de algún librero y hacerle una entrevista. Entonces comprendo todo: los libros se venden solos, porque tienen magia. Esa magia me ha poseído.
Entonces me entrego a la acción y empiezo a comprar: Alicia en el País de las Maravillas, Novelas y Cuentos de Voltaire, El Aleph, las Aguafuertes de Roberto Arlt... De pronto se articula una voz recia que me arranca del éxtasis diciendo: ochenta y seis pesos.
Ahora, que salí de las carpas, enciendo un cigarrillo y me siento en un banco de la plaza para narrar esta crónica. No estuvo tan mal, pienso: cuatro maravillas por menos de cien pesos. Valió la pena.

No hay comentarios:
Publicar un comentario