lunes, 24 de octubre de 2011

La mística del relato oral: Alberto Laiseca

 Por El más capinchila así de grande



"Cuando sea grande, quiero un bigote como el de Alberto Laiseca", dice uno mientras ve llegar a Laiseca con una botella de whisky Jim Beam al auditorio del Centro Cultural España Córdoba, un jueves 1° de setiembre  a las siete y media de la tarde. Virtuosismos capilares aparte, el deseo viene por el lado de que pasar los sesenta y derrochar tanta buena onda es un milagro.

Es que ese bigote blanco desgreñado, teñido de tabaco, además de señalar los muchos años de su dueño, sugiere un grandísimo misterio, porque abajo hay una boca que vino a contarnos un cuento de Edgar Alan Poe: La caída de la casa Usher.

El prólogo es brevísimo, consiste en un saludo a las gradas y una pregunta: ¿Podemos comenzar? Parece que sí. Todos los espectadores hacemos silencio.

El sonido es pésimo, pero la voz de Laiseca desafía la deficiencia de los equipos, y sale de entre los bigotes para instalarse en el oído del espectador atónito, sometido al éxtasis vertiginoso de una historia terrorífica. La narración se llena de adjetivos, el narrador parece elegirlos a placer de una nube baja que
sale de su boca y nos envuelve a todos en una atmósfera victoriana. La narración dura más de 45 minutos y finaliza justo antes de un aplauso largo y cerrado.

Párrafo aparte merece el cierre del evento en el que los organizadores, al mejor estilo medieval, convidaron copas de vino al juglar y a los espectadores.

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